“Para pasar saldo a otro móvil de Movistar, llame gratis al 111”. Cuelgo el teléfono en mitad de la grabación, y marco el 111. Cuándo la última llamada, no falla; mi saldo ha descendido. Enfadada, llamo al nº de información de Movistar. Tras el rutinario anuncio del “Verano azul”, una voz me pregunta el motivo de mi consulta. Se lo digo.
“Disculpa, pero no he entendido bien. Di de forma concreta el motivo de tu llamada”
Lo repito.
“Disculpa, pero no he entendido bien. Di de forma concreta el motivo de tu llamada”
Intento con otro distinto.
“Disculpa, pero no he entendido bien. Di de forma concreta el motivo de tu llamada”
Repito el anterior. La máquina por fin reacciona, y me pasa con.. otra grabación. Cuelgo y llamo otra vez. Vuelvo a decir el motivo de mi consulta.
“Disculpa, pero no he entendido bien. Di de forma concreta el motivo de tu llamada”
Lo digo, de mal muy humor.
“Lo sentimos, pero, por falta de comunicación, no podemos pasarle al departamento indicado. Vuelva a llamar. Pi, pi, piii”
¿Perdón? Por falta de comunicación rompe una pareja; por falta de comunicación no me va a colgar el teléfono un estúpido contestador. ¿Qué sabrás tú de comunicación? ¡No eres más que una voz!
Llamo otra vez, muy enfadada. Llevo una tarde bastante ajetreada con Movistar, y el contestador que me atiende no está arreglando las cosas .Grito palabras no demasiado elegantes, ante la exclamación de mi madre, que me escucha desde el salón. Alguien se ríe debajo de mi ventana, y por el móvil escucho otra vez la ya conocida grabación, que me pide el motivo de mi llamada. Esta vez sí consigo que entienda mis palabras, y me indica que espere unos instantes para hablar con uno de sus agentes.
- Buenas noches, le atiende Marta Sánchez –coño, ¿la cantante?-. ¿en qué puedo ayudarle?
- Buenas noches, Marta. Llevo toda la tarde escuchando información respecto al servicio “Pásame el Saldo”, por que vuestro sistema para atender llamadas es penoso, y siempre acabo escuchando idioteces que no vienen al caso. Al parecer, la llamada al 111 es gratis, pero acabo de llamar, he mirado el saldo, y me falta dinero- tono de voz suave y relajado. Con la mano que me queda libre golpeo con furia la pared.
- Mmm... Hay servicios que no se cobran en el momento, cómo el acceso a Internet y la descarga de juegos...- esta conversación no me gusta nada.
- No entro a Internet desde mi móvil, y mucho menos me he descargado cosas.
- ¿Ha consultado usted los detalles de llamada en la web?- era previsible.
- ¿Eso que cuesta 50 céntimos?
- Sí.
- Pues no. Estoy diciendo que habéis cobrado 30 céntimos por llamar a un número gratuito y exijo una explicación, no voy a gastar 50 para que me la deis, es una idiotez.
- Entonces no llame, no puede quejarse sin haber consultado esos datos.
Nos enfadamos las dos, y comenzamos a discutir a la vez. Nuestras voces, rápidas y confusas por sí solas, se mezclan una con la otra, y no hay modo de entendernos. No sé qué me contestaba ella, yo dije algo así cómo:
- Claro, me voy a gastar 50 céntimos para ver que me habéis cobrado dinero por algún motivo falso, y que vosotros no hagáis caso a mis reclamaciones, diréis que no puedo probar que es verdad que no gasté ese dinero... No soy gilipollas, ¿eh?
Luego me callé, con curiosidad por saber de qué me estaba hablando Marta.
-... Si desea hacer alguna consulta más, indíquemelo...
- ¡Sí! ¡Sí, lo deseo!.
- Buenas noches, y gracias por confiar en Movistar.
Cualquiera que me hubiera visto aquella noche, me tomaría por loca al ver cómo me golpeaba la cabeza contra la cama y la pared, tirando el teléfono móvil al suelo todo el tiempo... pero cualquiera que me hubiera visto no tendría ni idea de lo que estoy pasando estos últimos días con los servicios de atención al cliente, ni lo jodido que es ver que hasta los contestadores pasan de ti, que los de Telefónica se dedican a hacerte llamar de un número a otro todo el tiempo, que los de Movistar me hacen esperar 10 minutos sólo para indicarme el nº de teléfono del contestador, que me cobran sin motivo, que intentan timarme y se enfadan si reclamo. Y sí, si es necesario, me daré un golpe en la cabeza por cada palabra pronunciada por mí que ha sido ignorada por estos ridículos servicios, por cada disgusto que me han dado y por cada enfado que me he llevado. Y si al menos sirve para desahogarme.. ya habrá sido mucho más útil que cualquiera de esos números.